Hace tiempo que no escribo un post de los intensitos por aquí y creo que ha llegado justo el momento.
Hoy quiero hablar de la soledad, pero no cuando es bienvenida, porque sí, hay momentos en los que se disfruta más solo que acompañado. Pero como digo, no quiero hablar de eso hoy.
Quiero hablar de cuando te sientes terriblemente solo, cuando quieres hablar con alguien y no tienes con quién, cuando tu corazón se encoge mientras observa qué fácil es para los otros el acto de compartir, socializar, reír juntos sin importar bien sobre qué.
Preguntarte qué has hecho mal, por qué no encajas. Y no se trata de ser antisocial, ni siquiera se trata de ser antipático, es algo más complicado que todo eso, es encontrar compañeros pero no amigos. Gente que vaga por tu vida pero que no llega a nada más. Duele, sobre todo cuando tu mente tiende a vagar por las nubes del existencialismo.
Ojalá me pudiese conformar, pero no es el caso. No soporto las relaciones superficiales, no me van y parece que el mundo me está castigando a base de ellas.
Os echo de menos.