Vuelvo a refugiarme entre las líneas aun sabiendo que es demasiado tarde. Tantas promesas rotas, tanto dolor.
Vuelvo a iniciar la partida una y otra vez, sin comprender todavía las reglas del juego.
Pensamientos inconexos, un borbotón de emociones saliendo del pecho. Así me siento al volver a escribir, insegura, pero como si volviera a un sitio al que siempre he pertenecido.
No lo hago con el fin de deleitar, persiguiendo tales fines, acabaría por no hacerlo. Un instinto más primario motiva el recorrido de mis dedos sobre el teclado.
Aquí estoy otra vez, ahogándome en mis propias lágrimas. Con los mismos errores de siempre y con la casa recién derribada.